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Número 9. Invierno 2018 2018
08/11/2018 / Gonzalo Barroso

El arbitraje gana terreno como método efectivo para resolver conflictos en la internacionalización del sector cosmético

La internacionalización forma parte del día a día del sector cosmético español. Pero los acuerdos con terceros países pueden presentar múltiples barreras y derivar en procesos judiciales costosos y difíciles de afrontar. Es en este contexto en el que surge el arbitraje como herramienta útil para adelantarse a estas situaciones y evitar que el conflicto implique más costes y tiempo de los necesarios. Por ello la empresa Eversheds Sutherland Nicea ha organizado la jornada ‘Las oportunidades y las problemáticas de la exportación en el sector cosmético español y el arbitraje como método efectivo de resolución de controversias entre empresas del sector’.

José Mariano Cruz, socio del área de Litigios y Propiedad Industrial de Eversheds, ha definido el arbitraje como “algo parecido a una justicia privada”. En la misma línea se ha manifestado Inmaculada López, directora legal de Eversheds experta en el sector cosmético. A su juicio, es normal que surjan controversias con terceros cuando se sale a otros países y el arbitraje ofrece la posibilidad de adelantarse a estas situaciones.

En otros sectores, ha subrayado López, se trata de una realidad más asentada pero en el cosmético, el arbitraje aún sigue siendo una novedad. Lo ha presentado como “un modo de resolver las controversias en un ámbito privado” que ofrece ventajas como una mayor claridad, la optimización del tiempo o la evitación de recursos y eso “reduce costes e incertidumbre”. El arbitraje, ha indicado la directora legal de Eversheds, permite elegir el lugar y la jurisdicción para llevar a cabo este tipo de procesos y ofrece una mayor confidencialidad y flexibilidad para las partes implicadas, que podrán seleccionar en cada caso el procedimiento que más se ajuste a las necesidades.

“El arbitraje puede servir de arma para generar seguridad en la empresa”, especialmente cuando se inician procesos de internacionalización en países fuera del entorno europeo, ha concluido Inmaculada López. Ahí “es poco recomendable dejarse llevar y aceptar las legislaciones de los países de destino” y apostar por métodos que garanticen ciertas certezas en las relaciones comerciales de la compañía.

Industria netamente exportadora

Por su parte Susana Arranz, directora internacional en Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética), ha puesto en valor las cifras de la cosmética española. En 2017 exportó más de 4.000 millones de euros lo que sitúa a España en el top 10 mundial  en internacionalización de productos de belleza y el quinto mercado de la Unión Europea.

Según Arranz “somos un país netamente exportador”, pero el 84% de las empresas del sector cosmético son pymes que, si bien “tienen muy claro normalmente la parte comercial”, no se plantean los posibles problemas judiciales que puedan surgir a partir de un proceso de internacionalización ni cómo adelantarse a ellos. Ha recomendado adelantarse a estas dificultades, sobre todo cuando “el 46% de las exportaciones van fuera de la UE y esto supone un gran reto” especialmente para las pymes.

Por último, la directora internacional de Stanpa ha recordado que la cosmética tiene que lidiar con una regulación muy exaustiva, “cercana a la del sector de los medicamentos” y esto, al entrar en países de fuera del ámbito comunitario hace que los marcos normativos puedan no coincidir. En este sentido, ha señalado que los ingredientes, el etiquetado o las notificaciones y registros sanitarios son algunos de los asuntos que más controversia suelen generar.

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